Mañana escaparé a donde el ruido colma las calles,
donde el silencio se esconde como roedor, entre las grietas.
Me refugiaré bajo la sombra de algún árbol,
y mientras todo asiste deprisa, miraré con desdén.
El hastío hervirá mi sangre. No correré.
(Odio la mezcla entre gente y ruido)
Sembraré mis raíces junto al árbol.
Seguro que él también odia algo.
Evitaré todo contacto con el cielo y el árbol,
sólo miraré cómo se sustrae la prisa.
La miraré convulsionarse, y comerse ella misma.
La sangre, seguro, tambien me hará revolcarme.
En este hastío nos veremos cara a cara, sin cuerpos.
miércoles, 27 de mayo de 2015
miércoles, 6 de mayo de 2015
...Y ASÍ TE AMO, AUNQUE TÚ NO LO SEPAS
y tu rostro
angelical
me hacen
girar
para
mirarte,
como dos
imanes
ante sus dos
polos iguales?
¿Cómo no
mirarte?
Viajaría
todo el espacio/tiempo que fuese necesario.
para que las
fuerzas magnéticas nos unieran.
Ya tu
polaridad,
tan distinta
a la mía,
nos
atraería,
inevitablemente.
No podríamos
separarnos.
Uno junto al
otro,
como dos
locos enamorados,
disfrutaríamos
del eclipse,
de la
metamorfosis.
Juraríamos a
los filósofos
que la
utopía existe,
y que somos
poseedores de ella.
Inexorable
es la verdad:
yo no
provoco nada en ti.
Me
desmagnetizas
desordenando
mis órbitas,
Me quemas
como un soplete
al rojo
vivo... sin decir palabra alguna.
Mi temor a
conquistarte me congela el alma.
...Y así
muero,
y vuelvo a
nacer,
cuando sin
quererlo,
te vuelvo a
ver.
La última carta sobre tu adiós.
Las letras callaron,
se enmudecieron sobre el papel,
estaban incómodas.
Parecían venir de otro mundo,
y que les apuraba el deseo de huir.
Desesperadas se agolpaban
unas tras otras.
Se veía cómo les palpitaba
el corazón, ¡cómo sufrían!
Sangraron y lloraron...
Ahora esa carta es vieja,
arrugada, amarillenta y olvidada.
Sobre mi mano derecha
se escurre la tinta,
a la hoguera van.
Mientras caen, juran vengarse... (de ti)
domingo, 26 de abril de 2015
El baile de una dama en mi pecho.
Este hervor
de sentimientos, es el devenir de mí búsqueda.
¡Qué
diablos pasa!
Arde la
espalda cuando en el pecho baila una dama.
Esta
soledad tan habitada: espectros de una mujer desolada.
(¿Qué busco
si te quiero como eres, pero desearía que todo fuese diferente?)
Sigo
pensando que ha sido la mejor noche.
Tu y yo.
Fuiste buena actriz.
Hoy mírame
con sólo recordar soy feliz.
Cuando los
últimos años fui infeliz.
... pero
¿cuánto duró?
Una noche
eterna.
Esta utopía
sólo hace que camine más y más,
a una noche
larga sin fin, en la cual sigo vivo.
Que se
acabe el mundo, todo, sólo, por una noche, una noche eterna a tu lado.
lunes, 9 de febrero de 2015
Ninguna lengua como la tuya.
Sé que no soy al primero que visitas, ni mucho menos el
último, pero deseo que vuelvas, aunque sea, a dejar impregnado tu insoportable
y tormentoso aroma en mi cama.
Eres esa adicción de la cual me avergüenzo, un abismo
profundo y oscuro al cual corro sigilosamente, escondiéndome sabe de quién,
pero con temor.
Eres el pecado del cual siempre me arrepiento, antes y
después, que no disfruto, sólo cuando mi pene se sumerge entre tu boca.
No sé cómo sea una adicción, pero esto no podría ser una
adicción, si es un tormento a toda hora. ¿dónde queda el gozo si no es tu boca?
¿qué sería de ti sin tu lengua salvaje? ¿Qué sería de ti sin este hombre que se
rebaja y se somete, interminablemente, a tu boca, menos cuando intenta besarme?
Te odio y tú lo sabes, te lo he dicho tantas veces, pero
irremediablemente, regresas. Sé que no es amor, quizá, y simplemente, te suceda
lo que a mí. Nos odiamos, no lo decimos. Nos satisfacemos, obteniendo del
otro sólo lo que necesitamos, sin satisfacer al otro. Somos egoístas, nos importa
sólo nuestra satisfacción, mas sin saberlo, nos satisfacemos. ¿¡qué diablos es
esto!?
Nos buscamos porque no tenemos a nadie más a quien acudir
¿qué pasará cuando allá alguien más? Quizá deba olvidar tu número, eso
bastaría. Tal vez sólo tu incesante apetito sexual deba morir. Sï, eso es. Así
ya no habría razón para vernos.
viernes, 14 de noviembre de 2014
EL TROVADOR ANDANTE
La miraba
todas las mañanas tomar el camión, escondiendo su presencia tras el árbol que
adornaba la ventana de su habitación. Los miércoles ella llevaba un vestido
blanco con flores, haciendo honor al día más primaveral de la semana. Aquel magistral
vestido hacía resaltar su piel morena, sus ojos café claro que, a los rayos del
sol, se tornaban entre café amielado y verdes. Su cintura se amoldaba
perfectamente al torso y las manos de él, aunque nunca la hubiese tocado, lo
sabía, como quien puede saber que está enamorado.
Todas las
mañanas, como cuando se huele a tierra mojada y se presagia una fresca lluvia,
su aroma lo animaba a levantarse, sabiendo que entre los próximos minutos ella
aparecería tras aquel guamúchil, que tomaría su mochila para alistar su
credencial y su transvale, y que
desaparecería tras aquel Mercedes estilo limosina con chofer personalizado.
Al
levantarse tomaba su guitarra, afinaba las cuerdas, conectaba su sonido y
micrófono y, sin percatarse, sonreía al respirar la cercana presencia de su
ángel primaveral.
Él había ya
compuesto varias canciones que, secretamente, sin exponer mucha información,
para mantener el misterio, tocaba prodigiosamente, contando el tiempo en que
tardaba la limosina, para que con las palabras precisas sembrara en ella dudas,
anhelos, y de vez en cuando, robarle suspiros.
Tiempo
trascurrido se levantó asustado por una despiadada pesadilla. Soñó que su amada había fallado a la cita matinal tras el guamúchil. No se equivocaba del todo. Esa mañana ella no
se presentó, aunque se sentía incompleto, tuvo miedo. Por fin ese día se
atrevería a cantarle a pecho abierto, la historia de los dos, aún tras la ventana,
pero iba a cantarle a ella sin ataduras ni secretos.
Sin perder
su ilusión por su actual veracidad y valor por cantarle, se decidió tomar el
mismo camión que ella, cuadras antes, para sorprenderla, con algunas canciones
que ella ya bien conocía y fulminar aquel misterio con su última creación
musical.
Al siguiente
día, emocionado por el próximo acontecimiento sin precedencias que viviría,
empezó a entonar algunas canciones, el público aceptó favorablemente sus obras.
Al llegar a la parada, enfrente de su casa, su corazón parecía un bongó al
ritmo de su guitarra, un poco acelerado. La voz, y su alma, se quebró en el
tono más alto de uno de sus hits. Ella no estaba, no había tomado el bus.
Sin dar pie
a su lucha, prosiguió cantando en el mismo camión, pero su suerte no cambiaba.
Tras una semana completa, la gente se había ya enfadado de las canciones que
iban en decadencia emocional. Una noche
sin luna y taciturno cielo, sintió respirar el olor de su dama y, sin saber lo
que hacía, corrió entre las aceras y los callejones, con su guitarra en la
espalda. A cada segundo que pasaba se sentía más cerca de ella, tras horas de
agitada corrida, decidió parar. Miró a todos lados, había perdido el rastro.
Pasó la noche tras un árbol de algún extraño parque.
Desde
entonces vaga por la ciudad intentando encontrarla, bastantes veces cree verla
en alguna parada de camión, tras algún árbol o simplemente de espaldas
caminando. Un día, sin esperarlo, la miró de espaldas, con su hermoso vestido con
más color y vida que nunca. Sin pensarlo colocó su guitarra tras su espalda,
caminó hacía ella, su corazón latía despavorido, respiraba raudamente, y, sin
pensarlo, detrás de ella, la tomó de la cintura. Ella sonrío, aún sin voltearse.
miércoles, 12 de noviembre de 2014
No es nada de nosotros
No soy yo, es esta habitación que no te olvida.
Aunque te arda el alma al leerme,
no eres tú la que habita
ni soy yo el que los escribe,
es la tinta que se acostumbró a ti.
Que aun nos amemos negándolo,
no es tu culpa ni la mía,
son nuestros labios que no se acostumbran a otros.
Que no te sacies y que busque en tantas mujeres,
no es nuestra culpa,
es la de estos cuerpos tan necios que tenemos.
No hay entre nosotros culpas ni culpables,
sólo almas cobardes.
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