miércoles, 6 de mayo de 2015

La última carta sobre tu adiós.



Las letras callaron,
se enmudecieron sobre el papel,
estaban incómodas.
Parecían venir de otro mundo,
y que les apuraba el deseo de huir.
Desesperadas se agolpaban 
unas tras otras.  
Se veía cómo les palpitaba 
el corazón, ¡cómo sufrían!
Sangraron y lloraron...
Ahora esa carta es vieja,
arrugada, amarillenta y olvidada.
Sobre mi mano derecha
se escurre la tinta,
a la hoguera van.
Mientras caen, juran vengarse... (de ti) 

domingo, 26 de abril de 2015

El baile de una dama en mi pecho.

Este hervor de sentimientos, es el devenir de mí búsqueda.
¡Qué diablos pasa!
Arde la espalda cuando en el pecho baila una dama.
Esta soledad tan habitada: espectros de una mujer desolada.
(¿Qué busco si te quiero como eres, pero desearía que todo fuese diferente?)
Sigo pensando que ha sido la mejor noche.
Tu y yo. Fuiste buena actriz.
Hoy mírame con sólo recordar soy feliz.
Cuando los últimos años fui infeliz.
... pero ¿cuánto duró?
Una noche eterna.
Esta utopía sólo hace que camine más y más,
a una noche larga sin fin, en la cual sigo vivo.
Que se acabe el mundo, todo, sólo, por una noche, una noche eterna a tu lado.

lunes, 9 de febrero de 2015

Ninguna lengua como la tuya.

Sé que no soy al primero que visitas, ni mucho menos el último, pero deseo que vuelvas, aunque sea, a dejar impregnado tu insoportable y tormentoso aroma en mi cama. 
Eres esa adicción de la cual me avergüenzo, un abismo profundo y oscuro al cual corro sigilosamente, escondiéndome sabe de quién, pero con temor. 
Eres el pecado del cual siempre me arrepiento, antes y después, que no disfruto, sólo cuando mi pene se sumerge entre tu boca. 
No sé cómo sea una adicción, pero esto no podría ser una adicción, si es un tormento a toda hora. ¿dónde queda el gozo si no es tu boca? ¿qué sería de ti sin tu lengua salvaje? ¿Qué sería de ti sin este hombre que se rebaja y se somete, interminablemente, a tu boca, menos cuando intenta besarme?
Te odio y tú lo sabes, te lo he dicho tantas veces, pero irremediablemente, regresas. Sé que no es amor, quizá, y simplemente, te suceda lo que a mí. Nos odiamos, no lo decimos. Nos satisfacemos, obteniendo del otro sólo lo que necesitamos, sin satisfacer al otro. Somos egoístas, nos importa sólo nuestra satisfacción, mas sin saberlo, nos satisfacemos. ¿¡qué diablos es esto!?

Nos buscamos porque no tenemos a nadie más a quien acudir ¿qué pasará cuando allá alguien más? Quizá deba olvidar tu número, eso bastaría. Tal vez sólo tu incesante apetito sexual deba morir. Sï, eso es. Así ya no habría razón para vernos. 

viernes, 14 de noviembre de 2014

EL TROVADOR ANDANTE

La miraba todas las mañanas tomar el camión, escondiendo su presencia tras el árbol que adornaba la ventana de su habitación. Los miércoles ella llevaba un vestido blanco con flores, haciendo honor al día más primaveral de la semana. Aquel magistral vestido hacía resaltar su piel morena, sus ojos café claro que, a los rayos del sol, se tornaban entre café amielado y verdes. Su cintura se amoldaba perfectamente al torso y las manos de él, aunque nunca la hubiese tocado, lo sabía, como quien puede saber que está enamorado.
Todas las mañanas, como cuando se huele a tierra mojada y se presagia una fresca lluvia, su aroma lo animaba a levantarse, sabiendo que entre los próximos minutos ella aparecería tras aquel guamúchil, que tomaría su mochila para alistar su credencial  y su transvale, y que desaparecería tras aquel Mercedes estilo limosina con chofer personalizado.
Al levantarse tomaba su guitarra, afinaba las cuerdas, conectaba su sonido y micrófono y, sin percatarse, sonreía al respirar la cercana presencia de su ángel primaveral.
Él había ya compuesto varias canciones que, secretamente, sin exponer mucha información, para mantener el misterio, tocaba prodigiosamente, contando el tiempo en que tardaba la limosina, para que con las palabras precisas sembrara en ella dudas, anhelos, y de vez en cuando, robarle suspiros.
Tiempo trascurrido se levantó asustado por una despiadada pesadilla. Soñó que su amada había fallado a la cita matinal tras el guamúchil.  No se equivocaba del todo. Esa mañana ella no se presentó, aunque se sentía incompleto, tuvo miedo. Por fin ese día se atrevería a cantarle a pecho abierto, la historia de los dos, aún tras la ventana, pero iba a cantarle a ella sin ataduras ni secretos.
Sin perder su ilusión por su actual veracidad y valor por cantarle, se decidió tomar el mismo camión que ella, cuadras antes, para sorprenderla, con algunas canciones que ella ya bien conocía y fulminar aquel misterio con su última creación musical.
Al siguiente día, emocionado por el próximo acontecimiento sin precedencias que viviría, empezó a entonar algunas canciones, el público aceptó favorablemente sus obras. Al llegar a la parada, enfrente de su casa, su corazón parecía un bongó al ritmo de su guitarra, un poco acelerado. La voz, y su alma, se quebró en el tono más alto de uno de sus hits. Ella no estaba, no había tomado el bus.
Sin dar pie a su lucha, prosiguió cantando en el mismo camión, pero su suerte no cambiaba. Tras una semana completa, la gente se había ya enfadado de las canciones que iban en decadencia emocional.   Una noche sin luna y taciturno cielo, sintió respirar el olor de su dama y, sin saber lo que hacía, corrió entre las aceras y los callejones, con su guitarra en la espalda. A cada segundo que pasaba se sentía más cerca de ella, tras horas de agitada corrida, decidió parar. Miró a todos lados, había perdido el rastro. Pasó la noche tras un árbol de algún extraño parque.
Desde entonces vaga por la ciudad intentando encontrarla, bastantes veces cree verla en alguna parada de camión, tras algún árbol o simplemente de espaldas caminando. Un día, sin esperarlo, la miró de espaldas, con su hermoso vestido con más color y vida que nunca. Sin pensarlo colocó su guitarra tras su espalda, caminó hacía ella, su corazón latía despavorido, respiraba raudamente, y, sin pensarlo, detrás de ella, la tomó de la cintura. Ella sonrío, aún sin voltearse.    

miércoles, 12 de noviembre de 2014

No es nada de nosotros


No soy yo, es esta habitación que no te olvida.
Aunque te arda el alma al leerme, 
no eres tú la que habita
ni soy yo el que los escribe, 
es la tinta que se acostumbró a ti. 
Que aun nos amemos negándolo,
no es tu culpa ni la mía, 
son nuestros labios que no se acostumbran a otros. 
Que no te sacies y que busque en tantas mujeres,
no es nuestra culpa,
es la de estos cuerpos tan necios que tenemos.
No hay entre nosotros culpas ni culpables,
sólo almas cobardes. 

lunes, 10 de noviembre de 2014

Velando su recuerdo

Escribo desde el rincón aquel donde ella gritaba mi nombre, con tanta pasión que la lluvia temblaba. Yo la conocí cuando sus hojas se desprendían tras el viento que la abatía. Esas mismas hojas que se amotinaban tras mi espalda. Escribo con la daga del olvido y con la sangre que esta misma desprende de mi alma. Mis manos, las flores que nacían en su cuerpo, están llenas de sangre. Esta mi terquedad de escribir sobre su recuerdo, de asesinarla cuantas veces sea necesario para verla resucitar.
Escribo desde el lado oscuro de la cama donde, noche tras noche, velo su recuerdo. Donde conservo, intacta, su sombra: la azoto y me refugio en ella, interminablemente.   

martes, 30 de septiembre de 2014

Ha decidido suicidarse

Ha decidido suicidarse:

Pues para tomar una decisión tan arriesgada se necesitan el valor de hacerlo, y para eso es necesario afrentar tu valiente estupidez y declararte, a ti mismo, incompetente. Aunque representa un acto heroico el tomar una decisión tan tajante, este ultimátum "heroico" representa una lucha y no una pérdida, aunque en realidad hayas perdido.
Tú corazón latera arduamente cuando el cuchillo traspase, como a una mantequilla, tu cuello, pero para qué tanto alarme innecesario, respira y  sigue viviendo.